DOMINA

Les decía que la madre se llamaba domina, que quiere decir señora, y no estaba confinada en un gineceo como las griegas, sino que comía con el marido pero, eso sí, sentada en el triclinio (un diván rústico) en vez de tendida como le correspondía al paterfamilias. Como no había crisis de chicas de servir, eludían los trabajos manuales. La domina dirigía y vigilaba, y tejía la lana para las ropas del marido y los hijos. Poca cosa más, porque de libros naipes, circo, teatro, nada de nada. Las visitas, muy raras y pragmáticas, pues un ceremonial inflexible las hacía muy difíciles. La domus, que quería decir casa, era un cuartel fortificado. Y allí, en este ambiente de obediencia absoluta se formaban los hijos.
- Apio, no puedo con tanto trabajo, me voy a matar. Debes procurarme más gente de servicio si quieres que la domus siga adelante.
- Querida Aurelia, en la oficina de Información Nacional de Esclavos Mantecones (INEM) no tienen en nómina actualmente gente cualificada, pero sé de buena tinta por un miembro de la Asamblea Centuriada que está a punto de llegar una remesa de esclavos negros capturados en la tierra del sur.
- ¿No se tatará de una patera que intentaba colarse? Como tarden mucho no te van a salvar ni los espiritillos.
- Apio se asustó, no en vano los espiritillos domésticos protegían la prosperidad de la casa y de los campos. Así, en la puerta estaba Juno con sus dos caras, una vigilando dentro y otra fuera, así que en la domus se sabía a la perfección quién entraba y salía. Y alrededor estaban los Manes, almas de los antepasados, que se quedaban por los prados, las eras, los sotos, después de morir. Un lujo.
Habían inventado la cámara oculta.




fenicia dijo
Buen post!!
Un abrazo
17 Noviembre 2011 | 12:50 PM