Me despierto temprano, no sé qué me sucede en esta ciudad, duermo de un tirón unas pocas horas y cuando abro los ojos me parece haber dormido veinte. Siempre con la pinga levantada. Las narices grandes si no son bellas en ningún caso, sí han sido cantadas por los clásicos con alguna que otra frecuencia. Los epigrammatarios griegos –nos relata González de Salas- tropezaron mucho en las narices grandes; Cyrano de Bergerac vivió pegado a una nariz; Quevedo dejó tieso A un hombre de gran nariz en uno de sus sonetos. Me preguntarán y con razón que a qué viene este cuento de narices. Pues que he llegado a convencerme de que soy un hombre pegado a un falo desde que aterricé en el José Martí. Mi pinga me tiene dominado, tiene vida propia e independiente. Como dominarla no puedo, ante el espejo, de frente y de costado, le dije: ese de ahí es tu dueño, guíalo por estas latitudes y no lo hagas sufrir, goza con él. Y le conferí poderes para que tomara las decisiones por su cuenta sin contar conmigo.
Me di una ducha fría que aplacó la ardentía, hice tiempo y bajé al comedor. Allí estaba Mónica con una amiga, a las que saludé.
-¿Cómo te va?, me preguntó con una levedad que se me antojó irónica.
-Muy mal, no encuentro un cicerone y me veo perdido. Allá voy dando palos de ciego.
-Siéntate con nosotras. Ella es Tatiana, una amiga de aventuras traviesas. Me presentó.
-Quizá Tatiana me quiera acompañar en mis recorridos, apunté con malévola intención y sin mucha esperanza de ser oído.
-Okey, papito. Llama a este número cuando me necesites.
Me llamó papito la tía y por esa confianza que se tomó la miré bien. Era negra, no muy guapa y tal vez alta. Las tetas de puño, no más, cadera y muslos, lo más preciado. Se le podía dar un trancazo.
Terminé mi desayuno y salí dejándolas en conversación animada que a mí no me interesaba interrumpir.
Era todavía temprano. Paseé lentamente por La Habana vieja, recreándome en sus calles y en sus fachadas ruinosas. Me pareció una zona fantasma, meritoria para ser exhibida en lienzo o papel. Descubro que le es imprescindible el ocio al creador y que siempre será preferible al escritor disfrutar de tiempo y soledad que no vivir como un loco en medio de una sociedad lastrada por el dinero y arrastrada por el estrés. Me perdí por el centro y me topé de repente con la embajada de España. Posiblemente sea el edificio más hermoso de La Habana, junto al Capitolio o al Museo de la Revolución, con el que di casualmente. Me emocioné viendo la bandera española en sitio tan lejano, los guardias apostados a ambos lados del cruce de las calles Cárcel Capdevila y Zulueta. Me pareció que algo iba a ocurrir, tenía ese presentimiento tonto, pero no. Vuelvo a ver, linderas al magno edificio, las casas destartaladas, despintadas, viejas, derruidas, que dejé atrás hace un momento. Son los restos de su glorioso pasado colgando a jirones de sus paredes. Hombres en camiseta, mujeres con rulos, asomados a los balcones de las casas altas mirando la calle; me da la impresión de que se van a desmoronar los propio balcones, pero que no se caen, que aguantan, que siguen desafiando al tiempo.
Es imposible que todas estas casas de bello diseño colonial puedan salvarse, puedan reconstruirse. Cincuenta años dejándolas caer poco a poco. Contrasta esta vista con esta otra de la ensenada de La Chorrera y la silueta del Hotel Nacional, a un kilómetro de distancia. ¡Qué país tan dispar!
¿Qué estará haciendo la de papito?

No sé porqué tengo la impresión que en breve nos lo vas a contar...papito.
BesoTess mi amol.
PD-No luches con ella, tienen vida propia e incontrolable. ;o)
A ver, veton, mucho ruido y pocas nueces. Muchos vuelcos vas dando para nada; yo estoy aquí sin comerme un colín, como tú, y creo que algo debíamos hacer: o vienes tú aquí o voy yo para allá. ¿Que te parece?
Una cosa como la tuya, siempre enhiesta, no debe quedar sin su apolladura. Si en algo puedo ayudar, ya sabes.
Besitos
Ya veremos Tess, pero no estés tan segura. Ten en cuenta que estoy esperando a la azafata del hotel, que es mi delirio.
Ella me lleva a zapatarama, va delante de mí; pero hasta ahora no me ha llevado a ninguna parte.
Po sí amol, un beso.
Atina, ¿qué te pasa, estás salida? Espera mi vuelta, que me lo vas a decir a la cara.
Me alegro conocerte, te anotaré, bonita.
Un beso
Oye Vetton, me he reído a mares....Eres muy entretenido con tus historias, pero ojo con Atina...que puede tener razón...jajaja.
Te invito a visitarme en http://pincelalsurdelmundo.blogspot.com
Un abrazo, y gracias por tu buen humor, chico!!
Hola gabriela, a la vida hay que darle cada uno alegría para que nos contagie ella misma a todos.
Celebro que te hayas reído.
Ya te visité.
Un abrazo
Que genial tu relato, tantas vivencias puede uno tener en un viaje, y contadas asi como lo haces tu pues parece que estuve ahí contigo en La Habana vieja, llena de reminiscencias de un pasado que ya cae a pedazos, con sus calles y recovecos, oscuros pasajes de una pobreza y bloqueo evidente, niños pidiendo en las calles, y mujeres ahí.. a lo que venga.
Agradezco tu paso por mi rincón..
Eres de una tierra que amo profundamente, soy hija, nieta y todas las generaciones ancestrales de españoles, asi que nada ... gratísimo saber que tienes este espacio que prometo visitar.
Buen día..
Paula Obregón L.
Paula, te quedo muy agradecido por tu visita. Y por tu amor a España, con tu permiso te voy invitar a ser mi amiga; yo te hago ahora.
Tus padres, ¿de qué provincia?
Un saludo cordial