Pero adelantemos algo de lo poco que se sabe. Del Ejército, por ejemplo. Al llegar a estas páginas los libros de Historia nos han revelado de Cartago el arquetipo de pueblo belicoso y navegante. Como marineros eran únicos, sin rivales en el Mediterráneo; era la potencia naval más fuerte de aquel tiempo. Su flota contaba con quinientos quinquerremes, que era algo así como los acorazados de hoy, rápidos, ligeros y pintados de rojo, verde y amarillo. Sus almirantes surcaban las aguas sin necesidad de brújulas y sin errores, y con la seguridad de conocer el mar como la bañera de su casa. Poseían informadores, astilleros y almacenes de aprovisionamiento en todas las costas españolas y francesas. La cartografía, la más moderna y fiel. Su hegemonía estaba fuera de toda duda; no era de extrañar que no admitiera intrusiones de nadie entre Cerdeña y Gibraltar. Cualquier nave extranjera que se pusiera a tiro era saqueada y hundida o requisada, ahogando a la tripulación sin hacerles pregunta alguna.
Respecto al Ejército, en contra de lo que nos pueda parecer, no le daban gran importancia, en parte porque sus vecinos no la inquietaban. No les gustaban los cuarteles, que tan sólo estaban llenos de mercenarios, reclutados entre indígenas y libios. Se diría que las grandes campañas militares vienen a desmentir esta afirmación, pero la respuesta es que el mérito corresponde al genio de sus generales, que fueron los más brillantes de la Antigüedad.
Los griegos decían que Cartago era una de las más bellas ciudades del Mundo. Pero Escipión dejó muy poco de ella para ser estudiada. Todo cuanto hay descubierto se halla en el museo de Túnez, donde los arqueólogos siguen acumulando lo que poco a poco se va descubriendo.
Queda Cartago consolidada como potencia única del Mediterráneo, pues Roma, la que sería su gran rival, acaba de ganarle la partida a los etruscos, latinos y sabinos y no estaba para grandes trotes. Firma un pacto con Cartago en 508 a J.C. por el cual se acordaba no avanzar nunca sus naves más allá del estrecho de Sicilia y no desembarcar en Córcega y Cerdeña a no ser por causas de fuerza mayor, esto es para abastecerse o para reparar alguna nave en los astilleros. Si este tratado representaba una afrenta para Roma, no lo era tanto si pensamos que carecía de una flota que, en manos de los armadores etruscos, apenas podía llamarse tal. Acaso fuera simbólica su figura y de tan poca importancia que no se había enterado de los grandes cambios que se habían producido en el llamado “equilibrio de las potencias navales” del Mediterráneo.

de esa época señores barcos los que surcaban los mares ( lo que no me gusta es eso de que para que estos avanzaran tenian esclavos remando a punta de latigazos encadenados de sus pies y manos y si por desgracia el navío se hundía mmmm adios esclavos ahí morían ! en fin el humano siempre belicoso en cualquier época !
besitos muy buena semana y
hasta la proxima ..
paty
heteroflexible :)
no creas que ha cambiado mucho la situacion, hoy cuando una empresa se hunde los trabajadores tambien, pierden todo,familia casa etc.
miguel
me gustan las mujeres
Que tal ? buenos dias. Al leer tu post noto que tratas temas de historia la cual me paree interesante. me llama mucho la atencion asi que estare por aqui haciendote compañia, por supuesto si es que me lo permites.
un fuerte abrazo. feliz viernes
Antes, querida Paty, la guerra era mucho más importante que el amor, por ejemplo. Hoy, también; pero a los pacifistas nos gusta más hacer el amor que cualquier otra cosa. Hoy no hay remeros, pero sigue habiendo esclavos que son utilizados para mover las máquinas. Hoy funcionan éstas con combustible, pero por su culpa hay guerras. O sea, el cuento de nunca acabar. Quiero decir que sobran guerras y falta amor.
Un beso
Sí, sí, Miguel, cuando el barco se hunde no se salvan ni las ratas.
Sobre las mujeres, coincidimos. Sólo que a mí me gustan las que están ricas y no hablan mucho.
Un saludo, vengas de donde vengas.
Hola, Cristina (bonito nombre, como el de una chica que conozco), encantado de conocerte. Soy nuevo por aquí y me hace falta compañía, así es que ¡adelante!, entra a saco en mi Historia particular, navega por ella si no te aburre y luego me cuentas cómo te va la incursión. No sólo ella está a tu disposición sino yo también, para lo que gustes mandar.
Mi Historia aún contada con datos veraces no pierde el humor, que lo serio y dramático nos viene solo.
En el último capítulo me he desviado intencionadamente, por cuanto hice un viaje a La Habana y voy a intentar recapitularlo.
Te deseo un feliz fin de semana y mando para tí y tu tierra abrazos inconmensurable.