LAS LEGIONES

Legión

El ejército ya en principio se gestó como una organización muy compleja. De manera que mejor será aclarar algunos conceptos, a riesgo de resultar avinagrada mi exposición.

La ciudad estaba dividida en tres tribus: la de los latinos, la de los sabinos y la de los etruscos. Cada tribu estaba dividida en diez curias, o barrios. Cada curia en diez gentes, o manzanas de casas, y cada una de éstas, en familias. Las curias se reunían generalmente dos veces al año, y en estas ocasiones celebraban el comicio curado. Pues bien, el ejército nace basado sobre la división en las treinta curias, cada una de las cuales debía de proporcionar una centuria, o sea cien infantes, y una decuria, o sea diez jinetes con sus caballos. Las treinta centurias y las treinta decurias, o sea tres mil trescientos hombres, constituían juntas la legión. El rey, que quedaba como “delegado” de la voluntad popular, tenía el derecho de vida o muerte sobre los soldados, como comandante supremo que era. Pero para ejercer este poder militar debía pedir consejo al comicio centuriado, esto es a la legión en armas, en tiempos de guerra, y a los comicios curiados en tiempos de paz.

Todo el pueblo romano (incluso la clase más pobre –infra classmen) formaba parte del ejército. Sin embargo la leva, que se realizaba entre hombres de diecisiete a cuarenta y cinco años, tenía lugar exclusivamente en el marco de las curias. En la época monárquica el ejército no era profesional. Al final de cada campaña los soldados, que debían costearse su propio equipo militar, volvían a sus hogares sin  haber percibido ningún tipo de sueldo y a la espera de ser nuevamente llamados para sucesivas campañas.

- Titi, ¿a qué te vas a dedicar?

- Lo primero es apuntarme al paro, y como soy joven esperar hasta que le declaremos la guerra a Aníbal. En el entreacto, enseñarles el oficio a mis nietos.

- Lo llevas claro.

Esta fue la ordenación que dejó en herencia Rómulo, o quienquiera de fuese el primer rey de Roma, a la Urbe.

Después de Rómulo llegó Numa, y Tulio Hostilio, y Anco Marcio, y Tarquino Prisco, y Lucio Tarquino, y Servio.

Se cuenta que estando en el campo con sus soldados un hijo de Lucio Tarquino, Sexto Tarquino, y un sobrino de éste, Lucio Tarquino Colatino, mientras jugaban a hacerse daño, uno de ellos le dijo al otro:

- Mi mujer es sumamente honesta, pero ten cuidado con la tuya porque te está poniendo los cuernos.

- ¿Mi mujer puta?

- Tu mujer puta.

Decididos a comprobarlo, fueron a sus casas. Colatino vio a su mujer entregada a labores de costura, pero la mujer de Sexto, que eran frecuentes sus baqueteos, la pilló in fraganti disfrutando de amores con un libertino generoso de atributos. Sexto se vio corrido y urdió un plan para vengar su humillación: a guisa de Tenorio se llevó a la cama, con astucia y sin olvidar la violencia, a la mujer de Colatino, llamada Lucrecia. Esta pobre mujer, arrepentida, citó a su marido y a su padre, que era senador, para contarles la infidelidad al tiempo que se acuchillaba y moría. Junio Bruto (los Brutos siempre lo fueron en la historia), sobrino del rey, reunió al Senado, contó la cornuda historia y se propuso destronar a Tarquino el Soberbio y expulsar de la ciudad a toda la familia. Tarquino y Bruto enredaron la cosa hasta el punto de intervenir las legiones.

Es entonces cuando se instala la República, y como dato curioso diré que la monarquía de Roma había durado siete reyes, como más tarde la de Plantagenet en Inglaterra y la de los Borbones en Francia.

Estaba la Historia en el año 509 a.J.C. y habían transcurrido 246 ab urbe condita. Fue llamado annus mirbilis (año maravilloso) porque fue el de la creación del consulado; el del inicio de un nuevo tipo de calendario; el de la expulsión de los “reyes extranjeros”…