LOS ETRUSCOS

Con vuestro permiso, creo que es conveniente dejar a los romanos solos en la Historia de su Península. Yo, que comencé abriendo libros indagando los orígenes de mis apellidos, resulta que me he enfrascado de lleno en Roma, hasta el punto de no saber cuándo salir de ella. No sólo de Roma, sino de mi estudio, de los libros y de mi habitación, que a mi madre la tengo tiesa de verme encerrado, callado y mohíno. Aparco la heráldica, que ya me interesa menos que antes – en mis primeros capítulos dije el motivo que me movió para estudiarla-, y continúo veloz en lo que estoy ahora pactando con mi intención, pasando incluso por encima del interés primario.
Para que los romanos se enseñorearan en su tierra era menester terminar con los pueblos de al lado. Uno de ellos, y principal, los etruscos. ¿Quiénes eran? Pues nadie sabe con certeza de dónde procedían. Vagas sospechas se tienen por la representación que ellos mismos dejaron en bronces, en féretros y en vasijas de barro: más corpulentos que los villanoveses y de rasgos que recuerdan su procedencia de Asia Menor. Fue el primer pueblo de Italia en posesión de una flota, lo que significa que llegaron por mar y esta coyuntura asienta la idea de sus orígenes. Otro dato esclarecedor es que no cabe duda de que fueron ellos los que dieron el nombre de Tirreno al mar que baña la costa de Toscana. Y Tirreno quiere decir precisamente “etrusco”.

Fundaron Perusa, Tarquinia, Arezzo…, ciudades mucho más modernas que los poblados latinos o sabinos, pues además de tener bastiones de defensa y calles bien diseñadas, las construyeron con albañales. Se tomaban la vida por el lado más agradable, y por eso los romanos, más ambiciosos, más románticos y más austeros, los vencieron. En sus vasijas y sepulcros nos dejaron escenas que nos muestran gente bien vestida, con la toga que, después, los romanos copiaron e hicieron de ella su traje nacional. Lucían barbas ensortijadas, alhajas en todos sitios y gustaban de largos cabellos. Y atención, que nuestra Fiesta Nacional viene de lejos porque una de las manifestaciones deportivas con las que se divertían era el espectáculo de la lucha entre hombre y el toro en la arena; tan estimada era que los que morían querían llevarse a la tumba algún recuerdo, en forma de pintura en vasijas, con el fin de divertirse en el más allá. 

No pareciera sino que los etruscos hubieran planeado sobre la sociedad y la hubieran vuelto del revés, pues sentaron las bases para que en el futuro, el de hoy, discurriera por los cauces de sus registros. Así, respecto a la mujer, opusieron a las costumbres romanas la condición de la mujer libre, y muy libre, tomando parte en sus diversiones, como demuestran las representaciones que nos han llegado. En ellas se ven enjoyadas, aceitadas y sin pudor. Comen opíparo, beben a gollete, tocan la flauta y bailan. Los romanos, muy moralista ellos, cuando hablaban de una mujer licenciosa, la llamaban “toscana”, o sea, etrusca. Y Plauto, en una de sus comedias, nos saca de dudas sobre esta apreciación al representar a una chica acusada de seguir “costumbres toscanas”, como prostituta.
Y esto tuvo su influjo en la posteridad.
Amor y vino, sin desatino.




sinfonia-urbana dijo
HOLA ME GUSTO EL CAMBIO ! Y LA INVESTIGACION DE TU TEMA DE HOY MUY COMPLETA ! ....
BESITOS Y BUENFINDE..HETERO..
FELIZ DIA DE MUERTOS !
31 Octubre 2009 | 01:28 PM