EL RAPTO DE LAS SABINAS

Y eligieron para su asentamiento las colinas; una de ellas, el Palatino, fue ocupada en primer lugar con la intención de seguir poblando las otras seis que se elevaban en torno.
Pero les surgió un grave problema.
- Oye, Rómulo, estamos de acuerdo contigo en lo que dices de poblar estas lomas, pero digo yo que cómo va a ser posible semejante fenómeno sin disponer de mujeres. Aquí todos somos hombres solteros y vírgenes. Habrá que organizar una caravana de mujeres o algo.
Y en llegando a este punto, lo siento, amigos, pero hemos de volver a la leyenda por fuerza. Rómulo, o como al final se llamara el gerifalte de aquellos tipos, no se le ocurrió otra cosa para procurar mujeres que organizar una gran fiesta alegando el nacimiento de la ciudad, e invitó a tomar parte en ella a los vecinos sabinos, con su rey Tito Tacio y sus hijas a la cabeza. Y hete aquí que mientras se entretenían los sabinos apostando en las carreras de caballos o a pie o de sacos –deporte preferido-, los dueños, ¿qué creéis que hicieron? Exactamente eso, les robaron a sus hijas y a los hombres los echaron a patadas.

Lo mismo que ahora, los antiguos eran muy sensibles en cuestiones de mujeres. Había antecedentes en otro tiempo y en otro reino. Helena también fue raptada y había costado una guerra de más de diez años que dejó arruinado un gran reino: el de Troya. Pero estamos en Roma. Los papás y los hermanos y primos de las sabinas volvieron y armados, como correspondía a la defensa de su honor. Los otros se atrincheraron en el Capitolio y confiaron las llaves de la fortaleza a Tarpeya, una chica muy romana que, se decía, estaba enamoradísima de Tito Tacio. ¡Ay el amor, cuánto destroza! Total, y para no cansar, le abrió una de las puertas y entraron a saco. Pero las mujeres intercedieron y dijeron ¡basta ya!, que de seguir la guerra y matarse entre ellos serían luego ellas las que se iban a quedar sin hombres. Y, oyes, que no tenemos queja de los romanos; que se han portado con nosotras divinamente; que para ser nuevos hay que ver lo bien que saben hacer hijos… En fin, que como hablando se entiende la gente, pactaron y el asunto quedó como estaba, pero gobernando juntos Rómulo y Tacio. Y se llamaron desde entonces romanos quirites.
- ¿Dónde está Tarpeya, que me la traigan?, dijo Tacio, ya enamorado.
- Pues va a ser que no, quirite. Le compensamos el favor que nos hizo aplastándola bajo nuestros escudos.

- Bueno, pues en su homenaje le llamaremos Tarpeya a los pedruscos en los que mandaremos estrellar a los traidores de la Patria.
Así sigue llamándose y visitándose, y los pedruscos se ven en las imágenes de los lados.
Y ya hablando en serio, lo más seguro es que los dos pueblos se hubieran mezclado voluntariamente y que el famoso rapto fuese tan sólo la normal ceremonia de un matrimonio bien avenido y deseado. Y es que los matrimonios se celebraban entonces con el rapto de la novia por parte del novio, pero con el consentimiento del padre de ella.
¿Es que no se sigue todavía esta costumbre en algunos pueblos primitivos?
Amor y vino, sin desatino.





sinfonia-urbana dijo
JEJEJEJ HOLA CHICO !! YA VEZ TODO LO QUE HACE EL AMOR !!!!
HASTA A QUI EN TUS ESCRITOS LO DICE EL AMOR MUEVE EL MUNDO !!!
BESOS Y MUY BUENA SEMANA HETEROFLEXIBLE O PATY COMO PREFIERAS JEJEJEJE ME GUSTAN LOS DOS ...........
26 Octubre 2009 | 03:31 PM