RÓMULO Y REMO
Ayer quedamos pendientes de las decisiones de Amulio. Pues bien:
Amulio echaba las muelas cuando se enteró, pero no la mató. Aguardó a que pariese, y le llegaron no uno sino dos chicos gemelos. Ordenó meterlos en una almadia, la puso en el río al filo de la corriente para que, llegando al mar, se ahogaran. Pero, ¡milagro!, el viento condujo a la embarcación cerca de allí, encallando en la arena de la orilla. Y los niños lloraban de hambre y de frío. Y ahora es cuando llega lo de la loba que, en su bondad infinita o enviada por cualquier dios, quién sabe, los amamantó. De ahí que sea la loba el símbolo de Roma, cosa natural.
¡Un momento!, en este punto hay que reflexionar haciendo parada y fonda. Hay que matizar. Se dice que la loba no era una bestia, sino una señora viciosa de mucho postín, Acca Laurentia, y le llamaban la loba por su instinto salvaje y por lo mucho que le gustaba el sexo, que a pesar de tener marido ¡pobre!, daba vueltas y más vueltas por el bosque para tirarse a los jovencitos de los alrededores que le gustaban más que a un tonto un lápiz.
Cuando los destetó, les dio papillas y biberones, luego caldos y así hasta que le salieron los dientes y los alimentaba con pan y jamón. Les puso de nombre Rómulo y Remo, se hicieron mayores y llegaron a conocer su historia (de algún programa de la tele debió ser).
- Rómulo, Amulio se ha portado muy mal con nuestra madre y con nosotros mismos, ¿por qué no lo matamos?
Y como hubo consenso, si hay que matarlo se mata y cuanto antes, se largaron a Alba Longa, organizaron una revolución, mataron a Amulio y repusieron en el trono a Numitor, que ya el hombre estaba mayor, pero aceptó de buen grado, qué cosa será mandar. No esperaron a conocer si el abuelo tenía capacidad de mando y gobernaba bien, ni pretendieron la herencia del trono que les correspondía por vía directa y por la indirecta. Eran culillos de mal asiento y enristraron hacia el sitio donde encalló la embarcación que los condujo recién nacidos. Allí estaba el Tíber a punto de desembocar en la mar, y todavía sigue y corren sus aguas por el mismo sitio, no se vayan a creer. Allí se dijeron que construirían una ciudad y litigaron sobre el nombre que debían darle. Como no se ponían de acuerdo, decidieron que quien ganara en una apuesta sería quien la bautizara.
- El que más pájaros vea, gana.
Y Rómulo sobre el Palatino vio doce y ganó.
- Pues ya está, se llamará Roma.
Uncieron dos bueyes, excavaron un surco, y construyeron las murallas, jurando matar a quien se atreviera a traspasarlas. Pero Remo, envidiosillo él por perder la apuesta, derribó de una patada parte de ella alegando que era débil. Y, naturalmente, Rómulo, fiel a su palabra asió lo primero que encontró, una badila por ejemplo, y lo mató de un golpe certero.
Todo esto, dícese, aconteció 753 años antes de que Jesucristo naciese, exactamente el 21 de abril, que todavía se celebra como aniversario de una ciudad nacida de un fratricidio. Sus habitantes hicieron de ella el comienzo de la Historia del Mundo, hasta la llegada del Redentor que con él se impuso otra contabilidad.
Esa es la leyenda y así gustaba contársela a los niños; un algo porque creían en ella y un poco porque les halagaba mezclar los dioses influyentes con el nacimiento de la Urbe.
Pero, claro, las cosas no sucedieron precisamente de esa manera.
Lo leeremos otro día.
Amor y vino, sin desatino.





sinfonia-urbana dijo
bueno esperaremos la otra parte ! mmm me gusto esta vez mas cortito mas dinamico ! besitos y buena semana lo que queda oki ...
8 Octubre 2009 | 04:07 PM