ARGANTONIO, FENICIOS Y REGALOS

MENOS TRAJES Y BOLSOS, DE TODO REGALARON LOS FENICIOS
No sé exactamente si se aclaró el misterio que quedó en el aire en el post anterior, pero sé de buena tinta que hubo más de uno entre los que se embarcaron. Y es lo que pasa con viajes tan largos, que acarrean riesgos muy extraños.
Bueno, a lo nuestro. Aburridos como estaban de la navegación de cabotaje, decidieron derramar su sagacidad y destreza por el ancho mar Mediterráneo, a ver qué encontraban por ahí. Y se toparon con España, que ya estaba hecha y en el sitio correcto. En principio pensaron quedarse como turistas, pero en cuanto vieron la abundancia metalífera que atesoraba esta región y la escasez en el país de ellos, decidieron hacer negocio yendo y viniendo por el Mediterráneo. Al fin y al cabo a eso vinieron.
- ¿Cómo se llama vuestro jefe?
- Argantonio. Y está pescando el langostino en la marisma.
Sin solicitar audiencia, se presentó inesperadamente una delegación con la lección bien aprendida:
- Venimos, ¡oh! Argantonio, poderoso rey de la cuenca baja del Guadalquivir, somos del más allá, de la tierra civilizada en la que se cría la cabra y el centeno; donde mana leche y miel en arroyos abundosos. Venimos, ¡oh! poderoso Rey Argantonio a proponeros un negocio próspero para ambas partes. Colmaremos de regalos nunca vistos tanto a ti como a tu pueblo, os haremos ricos, os daremos más publicidad que La Noria, seréis el rey más considerado en la cuna de la civilización, tu nombre será conservado eternamente en las actas comerciales y en las delegaciones gubernamentales de nuestras ciudades. Y a tu reino lo llamaremos Tartessos...
- ¿Por qué?
- Porque suena bien. Se quedará así para la historia.
Le pareció excelente la propuesta y firmaron un documento escrito con estas mismas letras que yo estoy escribiendo (con ligeras variantes), pues no olvidemos que ellos nos legaron dos inventos inextinguibles: el alfabeto y el dinero. Y esto último debió ser en principio lo que impulsó a Argantonio a aceptar el trato.
Argantonio y su pueblo, que se pirraban por los abalorios, no dejaban de encargar a los fenicios brazaletes, pendientes, collares, petos; adornos, amuletos, perfumes, huevos de avestruz…; en fin, inundaron los mercados allí donde encontraban metales para comerciar. Este juego lo debió tener muy presente Colón cuando atravesó el océano, dicho sea de paso. Argantonio, muy permisivo él, los dejó asentarse y fundaron factorías y colonias en las costas de Andalucía: Gades, Abdera, Malaka, Sexi, que así se llamaban antes Cádiz, Adra, Málaga y Almuñécar. Eran pequeños poblados que servían de atracadero y de centro de almacenamiento y distribución de mercancías. Argantonio, por su parte, desarrolló un arte de influencia oriental, muy original, en el que destaca la orfebrería –tesoros de El Carambolo (Sevilla) y Aliseda (Cáceres)-, la eboraria y la industria del bronce.
Y llegados a este punto, una pregunta: ¿qué era Tartessos? ¿Fue un reino de límites confusos habitado por gentes influidas por la cultura megalítica mediterránea y mestizadas con grupos indoeuropeos de la Meseta? ¿Fue una cultura asentada en el sur del Guadalquivir que floreció precisamente por la influencia de los fenicios? Sea lo que fuere, lo cierto es que Argantonio era considerado por los griegos como paradigma de monarca fuerte, poderoso, rico y pacífico. Poco importa lo que fuera, creo yo. Quizá antes nos debiéramos preguntar por qué dejó de existir, cuál fue la causa que después de siglos de esplendor desapareciera en un corto espacio de años. Aunque hay teorías que advierten que fueron los propios fenicios los autores de la destrucción, dado que descubrieron que andaban en tratos con griegos foceos (no es descabellado, recordemos Troya), lo más verosímil es aceptar que Tartessos desapareció porque se quedó sin mercados. Y esto sucedió cuando los asirios conquistan Tiro, la ciudad de la que dependía el comercio tartésico y deshicieron las vías comerciales.
Y ocurre que griegos foceos, que pugnaban siglos por levantarle a los fenicios el comercio de los metales, entran en escena, se hacen con el comercio y se extienden por el Mediterráneo fundando sucursales. Una de ellas fue Cartago.
Y con ella llegó el escándalo.
Amor y vino, sin desatino.





argivo dijo
Creo que encontramos en post anterior y este, la idea de cómo los metales empoujan el comercio. Algo así como el petróleo hoy. Saludos. Argivo
10 Agosto 2009 | 06:11 AM