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La Coctelera

carpetovetonico

Amor y vino, sin desatino.

9 Agosto 2009

ARGANTONIO, FENICIOS Y REGALOS

MENOS TRAJES Y BOLSOS, DE TODO REGALARON LOS FENICIOS

No sé exactamente si se aclaró el misterio que quedó en el aire en el post anterior, pero sé de buena tinta que hubo más de uno entre los que se embarcaron. Y es lo que pasa con viajes tan largos, que acarrean riesgos muy extraños.

Bueno, a lo nuestro. Aburridos como estaban de la navegación de cabotaje, decidieron derramar su sagacidad y destreza por el ancho mar Mediterráneo, a ver qué encontraban por ahí. Y se toparon con España, que ya estaba hecha y en el sitio correcto. En principio pensaron quedarse como turistas, pero en cuanto vieron la abundancia metalífera que atesoraba esta región y la escasez en el país de ellos, decidieron hacer negocio yendo y viniendo por el Mediterráneo. Al fin y al cabo a eso vinieron.

- ¿Cómo se llama vuestro jefe?

- Argantonio. Y está pescando el langostino en la marisma.

Sin solicitar audiencia, se presentó inesperadamente una delegación con la lección bien aprendida:

- Venimos, ¡oh! Argantonio, poderoso rey de la cuenca baja del Guadalquivir, somos del más allá, de la tierra civilizada en la que se cría la cabra y el centeno; donde mana leche y miel en arroyos abundosos. Venimos, ¡oh! poderoso Rey Argantonio a proponeros un negocio próspero para ambas partes. Colmaremos de regalos nunca vistos tanto a ti como a tu pueblo, os haremos ricos, os daremos más publicidad que La Noria, seréis el rey más considerado en la cuna de la civilización, tu nombre será conservado eternamente en las actas comerciales y en las delegaciones gubernamentales de nuestras ciudades. Y a tu reino lo llamaremos Tartessos...

- ¿Por qué?

- Porque suena bien. Se quedará así para la historia.

Le pareció excelente la propuesta y firmaron un documento escrito con estas mismas letras que yo estoy escribiendo (con ligeras variantes), pues no olvidemos que ellos nos legaron dos inventos inextinguibles: el alfabeto y el dinero. Y esto último debió ser en principio lo que impulsó a Argantonio a aceptar el trato.

Argantonio y su pueblo, que se pirraban por los abalorios, no dejaban de encargar a los fenicios brazaletes, pendientes, collares, petos; adornos, amuletos, perfumes, huevos de avestruz…; en fin, inundaron los mercados allí donde encontraban metales para comerciar. Este juego lo debió tener muy presente Colón cuando atravesó el océano, dicho sea de paso. Argantonio, muy permisivo él, los dejó asentarse y fundaron  factorías y colonias en las costas de Andalucía: Gades, Abdera, Malaka, Sexi, que así se llamaban antes  Cádiz, Adra, Málaga y Almuñécar. Eran pequeños poblados que servían de atracadero y de centro de almacenamiento y distribución de mercancías. Argantonio, por su parte, desarrolló un arte de influencia oriental, muy original, en el que destaca la orfebrería –tesoros de El Carambolo (Sevilla) y Aliseda (Cáceres)-, la eboraria y la industria del bronce.

Y llegados a este punto, una pregunta: ¿qué era Tartessos? ¿Fue un reino de límites confusos habitado por gentes influidas por la cultura megalítica mediterránea y mestizadas con grupos indoeuropeos de la Meseta? ¿Fue una cultura asentada en el sur del Guadalquivir que floreció precisamente por la influencia de los fenicios? Sea lo que fuere, lo cierto es que Argantonio era considerado por los griegos como paradigma de monarca  fuerte, poderoso, rico y pacífico. Poco importa lo que fuera, creo yo. Quizá antes nos debiéramos preguntar por qué dejó de existir, cuál fue la causa que después de siglos de esplendor desapareciera en un corto espacio de años. Aunque hay teorías que advierten que fueron los propios fenicios los autores de la destrucción, dado que descubrieron que andaban en tratos con griegos foceos (no es descabellado, recordemos Troya), lo más verosímil es aceptar que Tartessos desapareció porque se quedó sin mercados. Y esto sucedió cuando los asirios conquistan Tiro, la ciudad de la que dependía el comercio tartésico y deshicieron las vías comerciales.

Y ocurre que griegos foceos, que pugnaban siglos por levantarle a los fenicios el comercio de los metales, entran en escena, se hacen con el comercio y se extienden por el Mediterráneo fundando sucursales. Una de ellas fue Cartago.

Y con ella llegó el escándalo.

servido por vetton 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

argivo

argivo dijo

Creo que encontramos en post anterior y este, la idea de cómo los metales empoujan el comercio. Algo así como el petróleo hoy. Saludos. Argivo

10 Agosto 2009 | 06:11 AM

Sandra

Sandra dijo

Hola.

Primero tengo que dar mi mas sincera enhorabuena por el blog. Soy una estudiante de segundo de bachiller que encontró este blog por casualidad hace 2 dias realizando un trabajo de Historia. Tengo que decir que este fue el primer post que me leí y que me llevó a leer muchos otros. También quería dar las gracias porque incluí en mi trabajo una de las partes del post haciendo referencia al blog y mi profesor de historia quedó encantado al descubrir este sitio que cuenta la historia de un modo alternativo. Muchas gracias otra vez y espero que este blog siga siendo igual de estupendo.

24 Septiembre 2009 | 10:46 PM

vetton ibero

vetton ibero dijo

Justamente fue así, Argivo: los metales revolucionaron el mundo conocido, la rueda que movió todo progreso. Y con él vino el poder, lo mismo que hoy con el petróleo.
Me gusta recibirte.
Un saludo, amigo

27 Septiembre 2009 | 03:51 PM

vetton ibero

vetton ibero dijo

Pues Sandra, no sabes la alegría que me da tu comentario. Yo, un profesor que nunca ejercí, enseñando sin ver a mi alumna. No sé por qué me imagino que eres del sur, tal vez porque mis relatos de momento están brujuleando por allí. ¿Qué parte incluiste en tu trabajo?, me interesa saberlo.
Aunque sólo sea por ti, seguiré narrando mi Historia de España Particular.
Y como lo prometido es deuda, ahora mismo comienzo el capítulo que sigue.

Un beso, colegiala, tú eres buena estudiante.

27 Septiembre 2009 | 04:00 PM

Sandra

Sandra dijo

Incluí en mi trabajo muchas partes de este post ya que mi trabajo se basaba sobre todo en la relación que tuvieron los fenicios con Tartessos. Me alegra haberte animado a seguir con esto y espero que lo hagas ;) Por cierto, en lo del sur no has acertado, soy de la otra punta, del norte, de las orillas del Cantábrico. =D

P.D---> Gracias por dedicarme la ultima entrada del blog.

¡1 beso!

29 Septiembre 2009 | 06:47 PM

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Madrid, España
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Soy una persona tímida, como mi abuelo y como mi padre. Mi madre es otra cosa, es audaz, resuelta y arrojada. Mi padre es inteligente, pero flojo, “sin prisas, no corras, mujer, ve tranquila, no paaasa nada, que porque esté ardiendo el perol en la cocina no se va a incendiar la casa”. Es así, hay que aguantarlo. Cuando yo era un mocoso, una conjuntivitis se alió con mis ojos y mi madre se encaró con él para que nos llevara al médico, “que no, que no paaasa nada, eso es que está el crío rompiendo a ver a la niñita del tercero, que ya le apuntan las tetitas”. Y claro, con un hombre así en casa no esperes un buen porvenir. Y abandoné pronto el hogar con miles de consejos que mi madre me metió en la cabeza para evitar que la vida no me zarandeara, a sabiendas que no me iban a servir de mucho. Recibí al principio más palos que una estera, pero me sirvieron para colocarme en situación, otear mejor el horizonte y entender y estudiar al que me hablaba. Muy pronto supe que el pez grande se come al chico y decidí ser pez grande.

Fui novio de una chica que me pareció de buena posición y resultó ser hija de un millonario; el día que me presentó a su padre éste me preguntó: ¿cómo puedo estar seguro que usted no se casa con mi hija Petrita Montehermoso y Valdepinto de la Hueca por mi dinero? Yo no pensé en ese momento en Petrita Montehermoso y Valdepinto de la Hueca (ni siquiera sabía su segundo apellido, sólo que estaba buena y era rica), sino en la soberbia con la que me espetó la pregunta. Yo utilicé el mismo lenguaje: ¿cómo puedo yo estar seguro de que de aquí a un año usted no se arruina? Y me echaron de esa casa. No me desanimé, conquisté a una chica feota pero adinerada, hija de padre que amasó fortuna poniendo ladrillos, y cuando fui presentado a él, receló de mis intenciones. Me dijo: siendo mi hija fea, estoy seguro que usted viene por el interés. ¡Qué manía la de esta gente! Pues no, le dije yendo a por todas y una vez descubierto, el interés se lo mete usted por los cojones, yo vengo por el capital. Y me echaron de la casa. Y sigo rodando con la intención de ser pez grande. _____________________________________________

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