YA ESTÁ AQUÍ LA RUEDA
Una vez que estos hombres conocieron las propiedades de los metales, se despertó una industria floreciente a todos los niveles al tiempo que iba surgiendo la especialización: los personajes más destacados en la pirámide social, jefes y jefecillos de alto rango, se comportaron como zánganos humanos y se arrogaron la facultad de hacer hijos, sin discriminar mujer, para el futuro de la sociedad que, con los años y debidamente entrenados, ocuparían los puestos de cerrajeros, herreros, escultores, constructores, ajustadores mecánicos…, así progresaron armoniosamente en todos los trabajos hasta afinar lo indecible en útiles para la caza y la pesca y ni qué decir tiene en armamento para la guerra. Pero…
- Digo yo, Saules, que como los vecinos del otro lado del río han comprado la rueda a los que proceden de El Obeid, que son los que la han inventado, y andan calzando caballos y construyendo carros con armas de hierro filoso en los ejes, todo esto es porque, según dicen nuestros espías, están preparando algo gordo. Por consiguiente nos tememos un ataque, y es de cajón que nos llevan la delantera en armamento militar. Yo, como ministro de la guerra, es mi deber comunicarte que sólo nos hemos dedicado a fabricar cuchillos de cocina, navajas para trabajar la madera, hacer talas y cortar el pan, bisturíes para las trepanaciones, espadillas para coser, garrochas para sortear peligros, espadas y lanzas de mango largo y alabardas con moharras de cobre, que no son suficientes elementos de persuasión para lo que se nos avecina. Deberíamos convocar un concurso de inventos para ver de esa forma si los superamos.
- Dices bien, porque también de anzuelos, ballestas para zorzales, pretinas para puertas y ventanas y cipotes macizos para golpear la herradura en la bigornia, ya estamos hartos. No salimos de lo mismo. Hemos de superar la rueda, que veo que nos anexionan los vecinos en cuanto se muevan un poco y descubran cómo vadear el río. A ver si alguno de los nuestros inventa la escopeta.
- No jodas, Saules, tú tan listo y de jefe. ¡Si aún no conocemos la pólvora!
- Llevas razón; pues hay que hacer algo.
Y Saules, en un alarde de inteligencia, mandó al pregonero vocear en cada poblado de la comarca el acuerdo logrado en concilio. Y esto fue lo que se dijo:
-Se hace saber que por orden del señor Saules, nuestro jefe y sacerdote, arúspice del más allá, maestro de sabiduría y hacedor de derechos humanos y divinos, se cita obligatoriamente a los ilustres de esta localidad a comparecer en la Bodega del tío Jul para tratar asuntos relacionados con la guerra. Quedan emplazados para dentro de dos lunas llenas y el cuarto siguiente, que es menguante.
Los menos se retrasaron dado que confundían el creciente y el menguante y hubo el jefe de mandarlos a la escuela durante un periodo corto de tiempo, corriendo con los gastos, pues se dio cuenta que la cita la pudo desembrollar un poco si no se le hubiera escapado el detalle; pero, efectivamente, hubo junta de sesudos y discurrieron a placer.
- Yo digo que podríamos inventar la cometa y atacarlos desde arriba, que desde allí no nos esperan.
- ¿Y con qué cosa los matamos, eh?, dijo otro levantando el dedo.
- Que el herrero nos haga bolas de hierro y las dejamos caer encima de sus cabezas, dijo uno con bigote y con aires superiores.
- ¿Y qué cometa va a soportar nuestro peso y el de las bolas?, preguntó Acis, cuyo peso rondaba los 130 kilos.
- Tú no, tú te quedas abajo para la recluta y para contabilizar los muertos y heridos, le respondió el de patillas de hacha.
- Otra alternativa, dejar la cometa. Tú, Cojo Manteca, ¿qué se te ocurre?
- Contratar a Obélix.
- Pero si ese aún no ha nacido, cacho tonto, le contestó el de la última fila.
- Jefe, yo le mandaría un correo a Leónidas; que venga a la lucha con ilotas y nos aconseje la estrategia a seguir. Ese es bueno, ya sabe el estropicio que formó en las Termópilas, dijo un calvo con ganas de agradar.
- ¡Pero si esos están ya caducados!
Y como todo era vagar en círculo vicioso, el gran jefe Saules levantó la sesión no sin recomendar a la concurrencia seguir pensando cada uno en su choza la manera de superar la invención de la rueda. Iba en ello la supervivencia de la población.
- Me temo que se va a armar la gorda, le dijo a su mujer mientras le hacía el amor.
Amor y vino, sin desatino.






amedialuz_ dijo
De pronto me veo transpotada a la rueda y vaya que van a rodar!..... exquisito relato amigo vetton, estaré atenta a lo que sigue.... un beso.
25 Julio 2009 | 12:30 AM