SE INVENTA LA USURA

Mi amigo Genaro no me volvió a molestar, debe ser que encontró la solución a su caso. Algún día me interesaré por él si él no se interesa por mí.
Yo a lo mío, a descubrir mi árbol genealógico, la ramita en la que estoy insertado; estoy seguro que es hereditario y quiero saber por qué tengo tantos fracasos ante las mujeres. Y es que todas me dan de lado; que no cuajo una, que cuando no es por ella es por el destino que me da la espalda, o son por circunstancias ajenas a ella y a mí, como el último caso de Viky, la hija del concejal, cuya historia la relato más abajo.
Abrí la enciclopedia por donde la dejé con mimo y con mucha delicadeza y respeto, no vaya a ser que los personajes se enfaden, salgan huyendo y me dejen con el culo en la gotera. Que visto mi mal fario, a mí no me extrañaría nada que pudiera suceder.
Y el libro me presenta unas ilustraciones bellísimas sobre lo que se llama la revolución neolítica. Yo sé que el origen de mis apellidos no los voy a hallar entre esta gente que habitó las cuencas del Tigris y el Éufrates y las riberas mediterráneas de Siria, Líbano e Israel. Pero, ¿quién sabe?, porque estos tíos ya dejaban huellas de escrituras en la arcilla. Inventores, eran. Vean que sandalias.

Ahora nos da por hablar del cambio climático y no paramos. Digo yo que ¿no será que alguien se ha inventado esta farsa para vivir soberanamente a costa del miedo que nos meten en el cuerpo? Porque hace diez mil años los cambios climáticos alteraron profundamente el ecosistema de la zona en que vivían mis amigos los sapiens sapiens y quedaron tiesos como mojamas, tanto que no tuvieron más remedio que inventar la agricultura y la ganadería para no morirse de hambre. Y no había coches, ni aviones, ni centrales nucleares, ni carbón, ni aerosoles, ni…y, sin embargo, sí hubo un cambio climático. Y mucho antes hubo mares que inundaron Europa y al final se retiraron, y glaciares imponentes que hoy no existen, y los hielos cubrieron el mundo habitado y, llegado su momento, se recluyeron en su sitio actual, y…

Como dije, inventores, sí eran. Echaron mano de las especies autóctonas aptas para el cultivo o la domesticación, como fue la escanda, la cebada, la avena; la oveja, la cabra, el jabalí, y mira si fueron listos que todavía vivimos de ellos. Y cuando se vieron con excedentes, ¿dónde los guardaban y conservaban?
- Oyes, Lobo Pintado, qué hacemos ahora con la cosecha, aquí en la era no va a estar hasta que la consumamos, eso es de locos.
- Es verdad, Garza Roja, se la comerán los jabalíes, las ratas, los conejos; y vendrán los del poblado de al lado y nos la robarán y nos matarán para conseguirla. Ya sabes el encare que muestran y los enemigos que son, que no nos dan ni los buenos días. ¿Por qué no vamos a la ciénaga y con barro y paja hacemos algo, como las golondrinas?
- Eso; y en un descanso me das un masaje con lodo y en premio te abro la puerta de la gloria.
No tuvieron más remedio que inventar la cerámica para fabricar cuencos donde guardar las cosas: semillas, tasajos, etc.
Con esta nueva vida, estos hombres no podían salir de su zona y hubieron de establecerse permanentemente en la vecindad del campo de cultivo para cuidarlo.
- Oyes Lobo Pintado me tienes como una negra, ¿digo yo que cuándo me vas a llevar a la costa de vacaciones?
- Y un jamón, no ves la que tenemos encima, que no nos podemos retirar de aquí. Siempre tenemos algo que hacer; mañana me vas a ayudar a marcar las lindes de nuestra tierra, que el asirio Pata Corta es muy vivo y anda merodeando por el término con hitos en la mano. Ese intenta algo.
Se acaba de inventar el sentido de la propiedad de la tierra y el sentimiento de pertenencia a ella.
¿Y esto qué quiere decir? Qué está asomando las orejas el nacionalismo y la guerra. Y esa es una de las herencias que nos dejaron aquí en España donde vive y se siente con una actualidad rabiosa.
A la economía de subsistencia le sucedió la de producción, y esto llevó consigo la necesidad de dividir el trabajo. Y por consiguiente aparece el germen de la ciudad en los poblados permanentes. Al convertirse mis amigos en sedentarios, se les complicó la vida pues hubieron de planificar los trabajos y sembrar en la estación propicia, segar en su momento, recolectar luego. Y sucedió que si el año venía bueno, descubrieron que no pasarían hambre en invierno. El campo bien trabajado producía excedentes que sabiamente administrados generaban plusvalías. Y donde hay plusvalías, hay ricos y pobres, hay poder político, hay contribuyentes y hay recaudadores y hay intereses.
- Mira, que vengo a decirte que yo no te puedo pagar este año porque un pedrisco me arruinó la cosecha de habas. Y la vaca tiene la enfermedad de la lengua azul y se va a morir, porque se ha puesto como tonta, se marea como una borracha de alcohol de lúpulo y se cae.
- Pues yo no puedo esperar más, las cosas están muy mal, la crisis me golpea y aguanto porque soy rico, que si no… En fin, te concedería una prórroga si a cambio aceptas a prestarme tu mujer por tres lunas.
- Me pides unas cosas… El precio de la demora es muy alto.
- Pero ¿tú qué te has creído, piltrafilla? Yo no soy un puto libanés ni un cualquiera, yo soy judío. De Israel, ¿eso te dice algo? Esto son lentejas: o tu mujer, o el dinero o las tierras.
Acaba de inventarse el interés abusivo, el tráfico de influencias y el derecho de pernada, que lo pondría de moda más tarde los señores medievales.
Pues ya empezamos con los líos.
Amor y vino, sin desatino.








abril-ale dijo
Paso a deserte una hermosa semana q empieza.
Besitos. :)
29 Junio 2009 | 10:59 AM