Después de hacerme la pregunta con la que terminé el relato anterior, me quedé pensativo y un tanto mosca. Esto de las comunidades ¿les favorecería en el desarrollo del grupo? A mí me da qué pensar, pues si en algún aspecto la unión les auxilió para sostener a la comunidad con medios humanos más numerosos (ya se sabe, la unión  hace la fuerza) y mejores medios técnicos que irían inventando los más listos, repito que me da por pensar si las comunidades no serían un foco de afrentas y ultrajes. Porque ahora mismo, y en España sin ir más lejos, este asunto ha complicado la convivencia entre unas comunidades y otras hasta el punto de enemistarnos sus respectivos habitantes: que si yo doy más que tú y recibo menos; que quiero más transferencias que aquél; que como soy más rico, estatutos nuevos y con más poder; que yo no quiero ser español; que a mí me haces estado federal; que si esto, que si lo otro…Y así andamos, tirándonos los trastos a la cabeza.

Pues en esas andaba mi cabeza, cuando  mi madre  llama a la puerta de mi habitación:

- Mira quién viene a verte.

Era Genaro, un amigo de siempre, al que vi con el rostro desencajado. Mi madre se dirigió a él:

- Ahí lo tienes, a ver si lo sacas de la cueva y te lo llevas a la calle a que le roce el aire al menos.

- Vetton, no aguanto más, llevo una semana sin dormir. Te agradecería que me ayudaras a encontrar una solución a este caso. Verás, tengo a un amigo que conocí hace poco tiempo y resulta que lo ha dejado su novia…

- ¿Y tú que tienes que ver?

- Pues que él ahora no me deja a mí. Me llama a las cuatro de la madrugada y me pregunta:

- Genaro, ¿yo soy aburrido? No se le cae la pregunta de la boca. Así días y días, a todas horas del día y de la noche. Es más inaguantable que un dolor de muelas. Al principio le hacía reflexiones sobre el comportamiento humano ante el amor, pero no surtía efecto. Ahora le contesto que son cosas que se dicen pero no se sienten.

- Entonces ¿eso quiere decir que me ama, que lo dice por decir? La voy a llamar ahora mismo.

- Pero ¿cómo la vas a llamar ahora, subnormal, si son las cuatro de la mañana? ¿Estás loco?

- ¿Me  quieres decir que soy un aburrido?

- Qué va, hombre. Tú eres pata negra, tíos como tú no se encuentran fácil. Pero es mejor hablar de todo esto mañana por la mañana. Me llamas y quedamos. Genaro, a ese amigo tuyo ¿por qué no te lo llevas a putas, a ver si se cura? A lo mejor conociendo mundo se olvida de su novia.

- Oyes, has tenido una buena idea, ya sabía yo donde acudir. Hasta pudiera ser que a mí me venga bien, tengo un come-come que no me deja, voy por la calle, me miro en los escaparates de las tiendas y no me reconozco; me doy pena. Ha intervenido mi madre, que me pregunta si no tendré alguna enfermedad. Mi padre se cree que estoy en la droga. Mi abuelo dice que estoy muy picardeado y que es la novia quien me tiene así. Estoy deprimido, Vetton, ya no me fijo en las mujeres, con lo que yo he sido. Pero ¿y si no resulta ir de putiferio?

- Entonces te compras una botella de whisky todos los días y os las bebéis por las noches hasta que caigáis muertos borrachos. Verás como así se os quita la enfermedad.

- Es que, verás, te voy a confesar que no tengo un problema, sino dos: mi novia me ha dejado. No me coge el teléfono, no me recibe en su casa, no quiere saber nada de mí. Le escribo cartas que pienso por las noches: “Mi amor, me desespera tu ausencia, no puedes imaginarte mi soledad”.

- Pero mira que eres tonto, ¿como no lo va a saber si es ella la que te ha dejado tirado como un trapo? ¿Qué más le escribes?

- “Me estoy volviendo loco sin ti, vuelve para que todo sea como antes”.

- Eres un subnormal, Genaro, si se te ha ido porque no te aguantaba. ¡Debes decirle que vas a cambiar! No me extrañan las cosas que te están pasando. Mira, mañana me llamas, me invitas a comer y continuamos hablando. Pero esta noche para dormir bien, emborráchate.