Oyes, digo yo que después de leer estas primeras páginas de la enciclopedia me ha dado en qué pensar sobre la vida de esta gente antigua y vieja que vivía en un mundo diferente al de hoy. A lo mejor no estaban tan mal. Me imagino hace trescientos mil años a las parameras castellanas de entonces y las veo como las rosas, cubierta por una herbosa sabana recorrida por ríos de agua clara, humedales  extensos, y parcheada de pecinales que serían visitados por manadas de elefantes. Estos cazaderos serían como la despensa de las tribus, pero sin frigorífico. Cosas naturales que comer, y al día: aquí te pillo, aquí te mato y aquí te como.  Sin conservantes ni colorantes, todo al natural y saludable. Y no lo de hoy; hoy los cazaderos adonde van los consumidores por comida se llaman McDonald’s y otras yerbas. Y no es igual, aunque me diga mi vecina Marga que en esos sitios disfruta comiendo pizzas, hamburguesas, perritos calientes…

- Pero Marga, vamos a ver, si los de antes no se comían los perritos ni calientes ni fríos, si ellos elegían carnes más sabrosas, como elefantes, gacelas y animales corredores que al ejercitar el músculo sabía mejor su carne. ¿Te crees que eran tontos? Eran unos cachas. ¿Tú ves a los porteros de las discotecas?, pues así se criaban. Ya te hubiera gustado a ti tener uno como ellos de yerno y no el que se ha echado tu hija, que no le da un palo al agua y está como un mondadientes. En lo único que se parece el futuro marido de tu hija a los primitivos es en el canibalismo, porque, querida, no sé si sabrás que sin reparo alguno y sin respeto a la concurrencia que observa se la come viva allá donde la encuentre.

- El Teodoro es un chico de mucho porvenir y muy trabajador. Es el segundo trompeta de la banda de música municipal y además hace oposiciones al cuerpo de Correos. Que lo sepas, mona.

- Que lo sepas tú que cualquier día se te presenta tu hija con una barriga, ya se comenta en el portal y hasta se hacen apuestas. Pregúntale al portero o al sereno del barrio, ya verás lo que te dicen.

- Envidia cochina que me tenéis todos.

Bueno, apartemos a la vecina de la conversación y dejémosla comiendo pizzas. Yo voy a lo que voy. Mira, aquí viene la edad del hielo, esto me gusta. Resulta que cuando el hielo tocaba a su fin llega el hombre de Cromañón a la Península. Esta gente estaba bien preparada para la vida moderna,  pues además de fabricar útiles para cazar eran mujeres de su casa porque inventaron la aguja y con ella los cosidos.

- Pluma Cortada, escucha, un tigre de colmillos me ha rasgado el traje de mamut con bordados de alce, cósemelo que esta noche voy a la reunión de Cuervo Negro.

- ¿Qué se te ha perdido a ti allí?,  anda, dime, si tú eres un cero a la izquierda.

- Mujer, nos va a señalar los objetivos de caza de la próxima semana.

- Veo el siete que te ha hecho el tigre en el traje, pero ¿las heridas dónde están, es que era manso? Ni de ti ni de Cuervo Negro me fío un pelo. Venís al poblado destrozados, hechos unos zorros, pero sin heridas ni comida. A ver qué va a pasar con estas salidas.

- No me marees. ¿Cómo sabes tú que es un siete si todavía no se han inventado los números?

- Porque tiene la forma de la azagaya que ha inventado Pata Oscura y que él mismo ha dicho que se llama siete. Él sabrá por qué.

Ya está de líos el matrimonio ese. ¿Habrán inventado los celos?

- Vettón, es la hora de cenar; vamos, deja los libros que se te van a volver los sesos agua.

Esa es mi madre.