Tantos fracasos (los contados y ocultados), cosechados en mi afán por escalar posiciones sociales, me sumieron en una penosa melancolía de la que tardé mucho tiempo  en superarla. Llegué a pensar que en mis antecesores debería haber alguien con mal fario, un diablo cojuelo y sin rabo (son los más dañinos, no lo dudemos), o algo parecido, que se opusiera y estropeara las obras que iban por buen camino, pues ya sabemos que son amigos del mal y enemigos de las limosnas de amores. Y eso era lo que yo pretendía en mi última aventura, contada más abajo.

Decidí buscar mis orígenes, remontarme a lo más antiguo que pudiera, a ver si encontraba en el árbol genealógico alguna ramita aclaradora. Y empecé por donde Alicia la de las maravillas, desde el principio, que es por donde empiezan todas las cosas, y terminar por el final, que es por donde acaban.

Me fui a la biblioteca y me llevé a casa el primer tomo de una enciclopedia universal.

- Oyes, tú, apúntame este tomo de la enciclopedia y este DVD sobre las civilizaciones antiguas.

Buceé en la Prehistoria y me topé con Atapuerca. No, esta gente no me gusta, es muy rara y además si no saben leer ni escribir ¿cómo voy yo a sacar de ellos conclusiones escritas en este libraco? Paso de esta tribu. Unos tíos que se comían crudos entre ellos, que ni siquiera conocían la lumbre, que se lavaban cuando llovía, que las verduras no  veían el agua, que eran carroñeros como las hienas…, pero, hombre con lo poco que cuesta encender un mixto y prender pasto y vosotros comiendo carne según os la encontráis. En aquellos tiempos el planeta debe ser que estaba removiéndose y había tormentas a tutiplén, y si había tormentas, había rayos y había fuego. ¿Qué pasa, que no caíais en la cuenta de llevaros la lumbre en un cuenco allá por donde fuerais? Erais raritos, reconocerlo.

- Agggg

- ¿Cómo dices? Aprende a hablar, que ya sois mayorcitos.

 Bueno, en lo que estaba, que me ha distraído éste. No, yo no me veo representado en esta gente que ha sido bautizada como Homo antecessor, que quiere decir “explorador”. Bueno, un momento, por ahí a lo mejor me pilla algo porque explorador sí que soy. Yo me quería deslindar de ellos y mira por dónde descubro un punto en común. Yo no he descubierto nada, pero explorar, lo que se dice explorar, todo lo que he podido. La sierra de Gata me la conozco de pe a pa, y Las Hurdes, la sierra de San Vicente, los Montes de Toledo, por todos esos lugares me muevo como si fuera mi casa. En Cullera también estuve, me llevaron mis padres de pequeño a la playa. Pero volviendo a la realidad me doy cuenta que esta comunidad vivió hace medio millón de años, ¿cómo voy yo a suponer…? Vamos a ver, porque en la hoja siguiente de la enciclopedia leo que después llega el Homo sapiens, y estos ya son otra cosa: eran excelentes tramperos y comían a la brasa buenos filetes de elefante. Esta circunstancia me hace pensar si los actuales españoles no seremos biznietos de la familia de Atapuerca. Los genetistas escrutadores del ADN placentario pregonan que descendemos de un único antepasado femenino, una mujer africana a la que se dio en llamar Eva mitocondrial,  que vivió hace doscientos mil años y cuyos descendientes se extendieron por todo el planeta, sustituyendo a los anteriores.

Dejemos a la ciencia que estudie y aclare este “marrón”, porque camino por recorrer, tiene y mucho.

En fin, a mí no me ha solucionado mi problema, pero he aprendido un poco de Historia.

Voy a seguir leyendo.