13 Noviembre 2009
No quiero dejar pasar por alto la influencia que las costumbres religiosas de los etruscos ejercieron sobre Dante. Este pueblo conocía a la perfección y al detalle todos los tormentos del infierno. Sus sacerdotes creían que para tener a la gente atada e inmovilizada, más valían las amenazas de la condenación que las esperanzas de la absolución. Dante, nacido en Etruria, derrochó su parecer más sobre el infierno que sobre el paraíso. Eso de tener a la gente atada por vía de las amenazas de la condenación me suena a rito actual, a ceremonia dogmática.
En política, sus ciudades eran dispersas e independientes, hasta el punto de no unirse entre ellas jamás; ni hubo una que destacara lo suficiente para anexionar al resto. Esto, lógicamente, favoreció a los romanos cuando entraron en guerra. Prefirieron ser anexionadas una a una por Roma antes de ser conquistadas y sometidas.
Pero no creamos que los etruscos eran monjas de clausura. Si para la salvación de algún pariente debían hacer sacrificios humanos, los hacían. Los prisioneros de guerra eran destinados a este fin. Se sabe que en una batalla contra los romanos capturaron a trescientos de ellos: fueron muertos lapidados en Tarquinia. Y a la mañana siguiente, sobre sus hígados todavía palpitando, trataron de diagnosticar los acontecimientos futuros de la guerra.
Bien, pues todo lo que aquí se cuenta ha sido reconstruido gracias a la cerámica y bronce, única herencia dejada por los etruscos. Si hablamos de la cerámica no debemos dejar de resaltar la de "Apolo de Veyes", de terracota polícroma, que denota una gran pericia y un gusto refinado de los alfareros etruscos.
Pero como así los italianos de ahora hacen las cosas en broma y mal, aquellos de la Antigüedad lo hacían de manera seria. Y cuando se les metía entre ceja y ceja la destrucción de un enemigo, no le daban tregua. Y una vez vencido, no sólo ocupaban la casa sino que no dejaban piedra sobre piedra. Así sucedió con los etruscos una vez que se sintieron fuertes para desafiarlos, vengando las humillaciones a que habían sido sometidos. Y pasó lo que tenía que pasar, que a los etruscos no les dejaron los romanos ni los ojos para llorar. Pocas veces habrá contado la Historia la desaparición de la faz de la Tierra de un pueblo, al tiempo que el vencedor borra sus huellas sin dejar ni rastros de su civilización.
Como nada es eterno, Tito Tacio murió y Rómulo pasó también años más tarde por ese mismo trance. Por cierto, los romanos dijeron que el dios Marte había raptado a Rómulo y lo tenía en el cielo emparejado con él como un dios más: el dios Quirino. Y como dios lo veneraron de igual forma que hacen los napolitanos con san Genaro.
Mas en fin, para no enredarnos ni enredarme, apunto que le sucedieron unos reyes que, más que reyes, debieron ser Papas, nada extraño porque todas las autoridades se apoyaban en la religión. Era una democracia en grado absoluto, sin clases sociales, que funcionó mientras Roma fue un villorrio y no se atrevió a sacar la cabeza fuera de sus murallas. El rey celebraba los sacrificios, dictaba leyes e impartía justicia; pero a medida que la ciudad crecía fue necesario nombrar "funcionarios", lo que dio origen al nacimiento de la "burocracia". A la ciudad, que sigue creciendo, le es necesario mantener los caminos en buen estado, empadronar a la población, atender a la higiene... Nace así el primer organismo llamado "ministerio", que se traduce en el llamado Consejo de los Ancianos o Senado. ¿Qué era este Senado, que ha llegado hasta nuestros días? Se componía de un centenar de miembros descendientes, por derecho de primogenitura, de aquellos pioneros que se desplazaron con Rómulo para fundar Roma.
Y claro, este pueblo tan peleón y tan ambicioso y tan bien gobernado necesitó igualmente de un ejército.
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31 Octubre 2009

Con vuestro permiso, creo que es conveniente dejar a los romanos solos en la Historia de su Península. Yo, que comencé abriendo libros indagando los orígenes de mis apellidos, resulta que me he enfrascado de lleno en Roma, hasta el punto de no saber cuándo salir de ella. No sólo de Roma, sino de mi estudio, de los libros y de mi habitación, que a mi madre la tengo tiesa de verme encerrado, callado y mohíno. Aparco la heráldica, que ya me interesa menos que antes – en mis primeros capítulos dije el motivo que me movió para estudiarla-, y continúo veloz en lo que estoy ahora pactando con mi intención, pasando incluso por encima del interés primario.
Para que los romanos se enseñorearan en su tierra era menester terminar con los pueblos de al lado. Uno de ellos, y principal, los etruscos. ¿Quiénes eran? Pues nadie sabe con certeza de dónde procedían. Vagas sospechas se tienen por la representación que ellos mismos dejaron en bronces, en féretros y en vasijas de barro: más corpulentos que los villanoveses y de rasgos que recuerdan su procedencia de Asia Menor. Fue el primer pueblo de Italia en posesión de una flota, lo que significa que llegaron por mar y esta coyuntura asienta la idea de sus orígenes. Otro dato esclarecedor es que no cabe duda de que fueron ellos los que dieron el nombre de Tirreno al mar que baña la costa de Toscana. Y Tirreno quiere decir precisamente “etrusco”.

Fundaron Perusa, Tarquinia, Arezzo…, ciudades mucho más modernas que los poblados latinos o sabinos, pues además de tener bastiones de defensa y calles bien diseñadas, las construyeron con albañales. Se tomaban la vida por el lado más agradable, y por eso los romanos, más ambiciosos, más románticos y más austeros, los vencieron. En sus vasijas y sepulcros nos dejaron escenas que nos muestran gente bien vestida, con la toga que, después, los romanos copiaron e hicieron de ella su traje nacional. Lucían barbas ensortijadas, alhajas en todos sitios y gustaban de largos cabellos. Y atención, que nuestra Fiesta Nacional viene de lejos porque una de las manifestaciones deportivas con las que se divertían era el espectáculo de la lucha entre hombre y el toro en la arena; tan estimada era que los que morían querían llevarse a la tumba algún recuerdo, en forma de pintura en vasijas, con el fin de divertirse en el más allá. 

No pareciera sino que los etruscos hubieran planeado sobre la sociedad y la hubieran vuelto del revés, pues sentaron las bases para que en el futuro, el de hoy, discurriera por los cauces de sus registros. Así, respecto a la mujer, opusieron a las costumbres romanas la condición de la mujer libre, y muy libre, tomando parte en sus diversiones, como demuestran las representaciones que nos han llegado. En ellas se ven enjoyadas, aceitadas y sin pudor. Comen opíparo, beben a gollete, tocan la flauta y bailan. Los romanos, muy moralista ellos, cuando hablaban de una mujer licenciosa, la llamaban “toscana”, o sea, etrusca. Y Plauto, en una de sus comedias, nos saca de dudas sobre esta apreciación al representar a una chica acusada de seguir “costumbres toscanas”, como prostituta.
Y esto tuvo su influjo en la posteridad.
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25 Octubre 2009

Y eligieron para su asentamiento las colinas; una de ellas, el Palatino, fue ocupada en primer lugar con la intención de seguir poblando las otras seis que se elevaban en torno.
Pero les surgió un grave problema.
- Oye, Rómulo, estamos de acuerdo contigo en lo que dices de poblar estas lomas, pero digo yo que cómo va a ser posible semejante fenómeno sin disponer de mujeres. Aquí todos somos hombres solteros y vírgenes. Habrá que organizar una caravana de mujeres o algo.
Y en llegando a este punto, lo siento, amigos, pero hemos de volver a la leyenda por fuerza. Rómulo, o como al final se llamara el gerifalte de aquellos tipos, no se le ocurrió otra cosa para procurar mujeres que organizar una gran fiesta alegando el nacimiento de la ciudad, e invitó a tomar parte en ella a los vecinos sabinos, con su rey Tito Tacio y sus hijas a la cabeza. Y hete aquí que mientras se entretenían los sabinos apostando en las carreras de caballos o a pie o de sacos –deporte preferido-, los dueños, ¿qué creéis que hicieron? Exactamente eso, les robaron a sus hijas y a los hombres los echaron a patadas.

Lo mismo que ahora, los antiguos eran muy sensibles en cuestiones de mujeres. Había antecedentes en otro tiempo y en otro reino. Helena también fue raptada y había costado una guerra de más de diez años que dejó arruinado un gran reino: el de Troya. Pero estamos en Roma. Los papás y los hermanos y primos de las sabinas volvieron y armados, como correspondía a la defensa de su honor. Los otros se atrincheraron en el Capitolio y confiaron las llaves de la fortaleza a Tarpeya, una chica muy romana que, se decía, estaba enamoradísima de Tito Tacio. ¡Ay el amor, cuánto destroza! Total, y para no cansar, le abrió una de las puertas y entraron a saco. Pero las mujeres intercedieron y dijeron ¡basta ya!, que de seguir la guerra y matarse entre ellos serían luego ellas las que se iban a quedar sin hombres. Y, oyes, que no tenemos queja de los romanos; que se han portado con nosotras divinamente; que para ser nuevos hay que ver lo bien que saben hacer hijos… En fin, que como hablando se entiende la gente, pactaron y el asunto quedó como estaba, pero gobernando juntos Rómulo y Tacio. Y se llamaron desde entonces romanos quirites.
- ¿Dónde está Tarpeya, que me la traigan?, dijo Tacio, ya enamorado.
- Pues va a ser que no, quirite. Le compensamos el favor que nos hizo aplastándola bajo nuestros escudos.

- Bueno, pues en su homenaje le llamaremos Tarpeya a los pedruscos en los que mandaremos estrellar a los traidores de la Patria.
Así sigue llamándose y visitándose, y los pedruscos se ven en las imágenes de los lados.
Y ya hablando en serio, lo más seguro es que los dos pueblos se hubieran mezclado voluntariamente y que el famoso rapto fuese tan sólo la normal ceremonia de un matrimonio bien avenido y deseado. Y es que los matrimonios se celebraban entonces con el rapto de la novia por parte del novio, pero con el consentimiento del padre de ella.
¿Es que no se sigue todavía esta costumbre en algunos pueblos primitivos?
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14 Octubre 2009



Civilización etrusca
Repito, las cosas no sucedieron tal y como están relatadas en el artículo anterior. Eso pertenece a la leyenda. Lo que sucede es que era muy importante educar a los hijos en la creencia de que pertenecían a una patria edificada con la intervención de seres sobrenaturales y que, por tanto, tenían asignado un grandioso destino. Y esto dio un fundamento religioso a la historia de Roma, que se derrumbó cuando se prescindió de él. Efectivamente, la Urbe fue caput mundi mientras el cuento les hizo creer a sus hijos lo que les enseñaron los papás y los magistri, esto es, que por sus venas corría sangre divina; pero cuando despertaron y comenzaron a dudar de sus antecedentes, el Imperio se vino abajo y el caput mundi se convirtió en colonia.
Pero vayamos despacio, Roma se lo merece. Quizá no todo sea leyenda en la bella fábula de Rómulo y Remo. Los datos que han encontrado la Arqueología y la Etnología tal vez demuestren elementos de verdad.
Treinta mil años atrás de Rómulo y Remo…; no, esta fecha queda muy lejana y sólo son especulaciones alrededor de huesecitos. Nos situamos sólo a dos mil años a.C. Por entonces llegan de los Alpes a Italia otras tribus de la Europa central, más adelantadas que los indígenas, que no viven en cuevas sino en palafitos, y eligen para sus asentamientos las regiones de los lagos, el Mayor, el de Como y el de Garda. La gente de fuera se iba a los lagos sólo por ver las innovaciones en viviendas y en tejidos.
- Marido, estoy harta de vivir en una cueva; me ha dicho la vecina de la derecha, la mujer de Tasiolo, que en los lagos se venden unos palafitos adosados que son un primor. Este verano me tienes que llevar a ver aquello y preguntar precio.
- Mujer, aquello es muy caro, allí hay que pagar dinero hasta para entrar, creo que han hecho una muralla de tapia para que no los vean los curiosos.
- Pues si hay que pagar, se paga.
Así empezó el turismo en Italia. En España fue con Doñana.
Debieron hacerse ricos. Descendieron hacia el sur y se asentaron en una ciudad que fundaron llamada Villanova, que dio origen a la civilización de su nombre. Conocieron el uso del hierro y fabricaron zarandajas que hoy están muy mal vistas: azadas, picos, palas…, y cuchillos y navajas. De aquí derivan como raza, como lengua y como costumbre, los umbros, los sabinos y los latinos. Y dijeron “es bueno que estemos solos”, y se cepillaron a los ligures y sículos, que eran los dueños. Nos cuenta la historia que en el año 1000 a.C. ya habían fundado los nuevos venidos muchas poblaciones y una de ellas, la más poderosa, fue Alba Longa, capital del Lacio, a los pies del monte Albano, que se corresponde con Castelgandolfo, dicho sea con reservas. ¿Ven como todo no era leyenda? Pues estos albalongos, que eran braceros en busca de buena tierra, y maleantes con cuentas pendientes, y emisarios enviados en plan forestal para vigilar los montes y a los etruscos, que se decían pestes de ellos y que aparecieron sin saber de dónde venían; decía que recorrieron unos cuantos kilómetros más hacia el norte y fundaron Roma. Es muy posible que para no romper ni hacer añicos la leyenda, llegaran entre los pioneros una pareja de ellos que se llamaran Rómulo y Remo.
Y aquí confluyen la historia y la leyenda.
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8 Octubre 2009
Ayer quedamos pendientes de las decisiones de Amulio. Pues bien:
Amulio echaba las muelas cuando se enteró, pero no la mató. Aguardó a que pariese, y le llegaron no uno sino dos chicos gemelos. Ordenó meterlos en una almadia, la puso en el río al filo de la corriente para que, llegando al mar, se ahogaran. Pero, ¡milagro!, el viento condujo a la embarcación cerca de allí, encallando en la arena de la orilla. Y los niños lloraban de hambre y de frío. Y ahora es cuando llega lo de la loba que, en su bondad infinita o enviada por cualquier dios, quién sabe, los amamantó. De ahí que sea la loba el símbolo de Roma, cosa natural.
¡Un momento!, en este punto hay que reflexionar haciendo parada y fonda. Hay que matizar. Se dice que la loba no era una bestia, sino una señora viciosa de mucho postín, Acca Laurentia, y le llamaban la loba por su instinto salvaje y por lo mucho que le gustaba el sexo, que a pesar de tener marido ¡pobre!, daba vueltas y más vueltas por el bosque para tirarse a los jovencitos de los alrededores que le gustaban más que a un tonto un lápiz.
Cuando los destetó, les dio papillas y biberones, luego caldos y así hasta que le salieron los dientes y los alimentaba con pan y jamón. Les puso de nombre Rómulo y Remo, se hicieron mayores y llegaron a conocer su historia (de algún programa de la tele debió ser).
- Rómulo, Amulio se ha portado muy mal con nuestra madre y con nosotros mismos, ¿por qué no lo matamos?
Y como hubo consenso, si hay que matarlo se mata y cuanto antes, se largaron a Alba Longa, organizaron una revolución, mataron a Amulio y repusieron en el trono a Numitor, que ya el hombre estaba mayor, pero aceptó de buen grado, qué cosa será mandar. No esperaron a conocer si el abuelo tenía capacidad de mando y gobernaba bien, ni pretendieron la herencia del trono que les correspondía por vía directa y por la indirecta. Eran culillos de mal asiento y enristraron hacia el sitio donde encalló la embarcación que los condujo recién nacidos. Allí estaba el Tíber a punto de desembocar en la mar, y todavía sigue y corren sus aguas por el mismo sitio, no se vayan a creer. Allí se dijeron que construirían una ciudad y litigaron sobre el nombre que debían darle. Como no se ponían de acuerdo, decidieron que quien ganara en una apuesta sería quien la bautizara.
- El que más pájaros vea, gana.
Y Rómulo sobre el Palatino vio doce y ganó.
- Pues ya está, se llamará Roma.
Uncieron dos bueyes, excavaron un surco, y construyeron las murallas, jurando matar a quien se atreviera a traspasarlas. Pero Remo, envidiosillo él por perder la apuesta, derribó de una patada parte de ella alegando que era débil. Y, naturalmente, Rómulo, fiel a su palabra asió lo primero que encontró, una badila por ejemplo, y lo mató de un golpe certero.
Todo esto, dícese, aconteció 753 años antes de que Jesucristo naciese, exactamente el 21 de abril, que todavía se celebra como aniversario de una ciudad nacida de un fratricidio. Sus habitantes hicieron de ella el comienzo de la Historia del Mundo, hasta la llegada del Redentor que con él se impuso otra contabilidad.
Esa es la leyenda y así gustaba contársela a los niños; un algo porque creían en ella y un poco porque les halagaba mezclar los dioses influyentes con el nacimiento de la Urbe.
Pero, claro, las cosas no sucedieron precisamente de esa manera.
Lo leeremos otro día.
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28 Septiembre 2009

Para la bachiller Sandra, que me lee y anima.
Dejemos a los españoles del mapa del anterior post con sus cosas, que ya está el Mediterráneo en ascuas por las contiendas que allá están sucediendo, y la actualidad nos pide paso. Por cierto que como hoy en España está levantando tanta soflama el idioma, hasta el punto que el oficial, que es el castellano, no se sabe escribir bien en las Provincias Vascongadas ni en Cataluña (muestras hay en documentos oficiales aireados), me he preguntado, y me ha parecido de valor, en qué idioma vernáculo se entenderían aquellos pueblos. Vamos a ver. Por inscripciones que se conocen, la Península era una Babel. Los lusitanos y celtíberos utilizaban la lengua céltica, parienta del griego y el latín, que a su vez procedían del tronco indoeuropeo. Los iberos del Levante y los tartesios hablaban lenguas raras. De los iberos hay quien los emparienta con los vascos y otros que lo niegan en rotundidad; el idioma tartesio no se parece a ningún otro conocido, así que nunca pudieron vender el garum en los mercados nacionales por dificultades de entendimiento en la comunicación, sobre todo; y hubo de ser Roma con el tiempo quien lo descubriera, con gran alborozo por cierto.
- Oye, encargado, a ver si le das salida al excedente de garum.
- Es que los Oretanos no me entienden, jefe. Les llevo muestras, se las comen, me largan una palabra que no entiendo y me plantan en la calle sin más.
- ¿Y qué palabra te dicen?
- “Gracias”. Es un idioma muy raro, mire usted. Habrá que aprender idiomas, pero ¿cómo, si aquí no ha llegado CCC?
- Pues sáltate Sierra Morena y llega a la Carpetania a ver si allí…
- Peor, jefe, mientras no habrán Despeñaperros, ni hablar del peluquín. Yo creo que lo mejor que nos puede pasar es que nos conquisten.
En fin, que sigan con su industria y sus problemas mientras puedan, que nosotros nos vamos al Mediterráneo.
Inevitable era el encuentro entre Roma y Cartago. Solamente quedaban ellos en la mar y la mar no era suficiente para contenerlos. Sabemos del origen de los cartagineses –ya quedó explicado más abajo- , pero ¿quiénes eran los romanos? Un pueblo sin importancia, que nadie conocía; un pueblo de campesinos sin tradición naval ante el cual la Historia habría de descubrirse. Sólo copiando una nave enemiga encallada en una playa fueron capaces de construir una sólida escuadra de guerra.
Dice el poeta alemán Heine que si los romanos hubieran tenido que estudiar el latín no habrían encontrado jamás tiempo de conquistar el mundo. Lo que quiere decir que no perdieron el tiempo fatigándose como los tartesios porque nacían sabiéndolo, sin necesidad de estudiarlo.
Ya es algo para empezar hablando de ellos. Y una vez nacidos, la historia de su Patria se la contaban, poco más o menos, de la siguiente manera:
Cuando Ulises y Aquiles (griegos de Menelao) conquistaron Troya y la pasaron por las armas, un defensor de nombre Eneas se salvó. Su madre, que era de armas tomar, y nada menos que la diosa Venus, le cargó el zurrón de bienaventuranzas y le señaló el camino, diciéndole: ¡Vamos, tira! Y a lo tonto, a lo tonto, se encontró con Italia, que estaba en su sitio y sólo la conocían quienes la habitaban. La remontó hacia el norte, llegó al Lacio y allí conoció a la hija del rey.
- Mi rey, quiero pedirle la mano de su hija.
- ¿Es ésta una forma de presentarte?
- Es lo que siempre se hace en estos casos, ¿no? Si lo prefiere le canto una oda.
- Bueno, bueno, piltrafilla, ¿con qué cuentas para hacer feliz a mi hija?
- Esa pregunta es para ella. ¿Con qué va a ser?, pues con lo que tengo oculto aquí abajo.
- ¡Ah!, bueno.
Naturalmente se comprende la intercesión de su madre Venus o Afrodita, que así la llamaban según las culturas, en el desparpajo que le esparció en su lengua haciéndola desaguar en un final muy propio de una mujer docta en las artes de la entrepierna.
Y casó con Lavinia, hija del rey Latino. No se le ocurrió a su suegro, eterno en el cargo, sino a él fundar una ciudad a la que le dio el nombre de su esposa, y desde ese momento vivieron felices y comieron perdices.
Su hijo Ascanio fundó Alba Longa y la convirtió en nueva capital. Tras ocho generaciones (unos 200 años después del arribo de Eneas), dos de sus descendientes, Numitor y Amulio, estaban en el poder del Lacio. Pero, claro, como dos en un mismo trono quedan apretados, Amulio se las apañó para quedarse solo, matándolo, al igual que a sus hijos, menos uno: Rea Silvia, y para que ésta no pudiera crearle problemas con posibles descendientes suyos, la obligó a hacerse sacerdotisa de la diosa Vesta. Que se hizo monja quiere decir todo esto.
Pero Rea, que tenía ganas de hombre no se resignaba; y así un día que descansaba en el campo se durmió a la orilla de un río, y con poca ropa porque hacía mucho calor esa temporada. Mire usted por dónde, el dios Marte, que de vez en cuando se daba unos candaires por la Tierra, bien para organizar alguna guerra que otra, o bien para yacer con mujer joven, que era lo que realmente le gustaba, la poseyó y la dejó encinta en menos que canta un gallo.
Pero las represalias que tomó el malvado Amulio las dejo para otro día.
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4 Septiembre 2009

Continúo al hilo de mi anterior entrega.
Coincidiendo con la desaparición de la cultura tartésica aparece la turdetana. Con este hecho se produce la iberización de la Meseta. Esto es cosa que les gusta mucho a los presidentes de los grandes equipos de fútbol, que se afanan por españolizar al grupo. Ahí queda el Barcelona, y el Madrid, que lo pretende. Pero estamos en el 500-470 a. J.C. y, naturalmente, comienza la expansión de la cultura ibérica, que se difundió desde el Algarve hasta Cataluña, con inclusión de una parte importante del valle del Ebro. Lo dice el libro, véanlo más arriba, qué guapos quedan y con qué nombres tan bellos se conocían. Y tantos pueblos como quedan registrados en la imagen, ¿cómo se gobernaban? Pues como nosotros ahora mismo: con la monarquía, especialmente en la Oretania y Turdetania. Admitamos, sin embargo, una evolución en el concepto monárquico; al principio las formas de monarquía sacra, de tradición tartésica, dieron paso a otras de tipo heroico que señalan su origen en aristocracias de tipo guerrero. Tras un paréntesis, reaparecen las monarquías de régulos poco estables y subordinados en general a los Bárquidas. Esta saga es mi debilidad desde chico, y con la que siempre he ido a favor en sus peleas contra los romanos; cuando vencían, aplaudía; cuando eran vencidos sufría su derrota como sufro la de mi equipo favorito de fútbol. Vuelvo a estas trifulcas y todavía me decanto a favor de ellos. ¡Qué cosas!
Entre los iberos aparece también la institución del hospitium (de carácter individual o comunitario: una persona o grupo se integra en otro) y la devotio, que era una forma peculiar de fides ibérica: morir por el jefe (esto me parece que ya lo he comentado en otra ocasión, pero no molesta repetirlo).
- Que vengo a solicitar un préstamo para una liposucción.
- ¿Profesión?
- Devoti, me avala mi jefe, que es quien me mantiene.
- Denegado.
-Y eso, ¿así sin más?
- Hombre, claro; ten en cuenta que te debes suicidar si tu jefe muere y menudo “marrón” me echo encima si lo concedo. Piensa que las cosas están muy mal, siempre andáis viajando y enredados en guerras.
- Es que la divinidad no ha aceptado…
- Ni Tanit, ni leches. Denegado he dicho. ¡El siguiente!
Esto era en cuanto a la guerra, pero ¿y en la economía, cómo se apañaba esta gente? La clase media, representada por comerciantes, mercaderes y artesanos especializados vivía en un estado de dependencia económica. Antes de que la economía monetaria llegara (hacia -250) el pago de las mercancías se hacía mediante láminas de plata: a esta fase de la economía pertenecen los ponderales de bronce hallados en el SE a modo de sistema de pesas y medidas. La presencia comercial griega estimuló la producción económica ibérica, sobre todo la explotación minera y agrícola. A ellos se les debe la invención del arado de largo timón y cama curva; y la noria, como técnica de regadío.
Al llegar a este punto no me sustraigo de leer una vez más los versos que Machado le dedicó a Los grandes inventos, uno de ellos a la noria, y que, con el permiso de ustedes, voy a copiar.
La noria
La tarde caía
triste y polvorienta.
El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
Soñaba la luna
¡pobre mula vieja!
al compás de sombra
que en el agua suena.
La tarde caía
triste y polvorienta.
Yo no sé qué noble,
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna rueda
la dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos,
¡pobre mula vieja!...
Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.
Casi lloro viendo a la ciega mula girando al reverso la rueda de un reloj que no marca el tiempo ni la fatiga; camina y camina la mula, hace camino en su andadura por el mismo sendero y con el paso torpe que el cansancio la ocupa. Mejor estaría muerta.
Pero olvidemos el párrafo anterior; esta historia no encaja aquí.
__________
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20 Agosto 2009

Empecemos diciendo que Cartago fue una lechigada fenicia parida en las tierras resecas y pedregosas de Libia, y más violenta, combativa y provocadora que sus antecesores.
- ¿Hacia dónde vamos, patrón?
- Mira que eres tonto, contramaestre, adonde nos lleve el aire. ¿No ves que es barco de vela, que todavía no se ha inventado el combustible?
Y los dejó en Libia porque el viento así lo quiso.
Pero dejémosla de momento donde está, que no tardará mucho tiempo en armarla parda.
Faltaríamos a la verdad si ocultáramos que los fenicios, mucho antes de fundar Cartago –nos retrotraemos un poco en el tiempo-, competían comercialmente con los griegos, otros que poblaban una tierra pobre y montuosa que los empujaba, y con prisas, al mar, dado lo superpoblada que estaba. Y como cuando llegan a la Península ya sabían que todos los mejores puestos del mercadillo estaban ocupados, deciden quedarse en las costas catalanas y valencianas. Por esta parte, pues por la otra se extendieron por Asia Menor, por el sur de Italia y por Sicilia. Pero en este momento no nos interesa seguir esa ruta.
- Jefe, es mejor quedarse por acá, porque si avanzamos la vamos a liar con los fenicios y a esos hay que temerles. Además, estos sitios están más cerca de Marsella, que es nuestra.
Los griegos, que no perdían ripio en estrujar todo lo que se les pusiera a mano, quisieron apoderarse de la red comercial de los fenicios aprovechando la caída de Tiro. Duraron lo que un suspiro: los cartagineses, muy suyos, no dejaron títere con cabeza en la batalla naval de Alalia (-535) y recuperaron la herencia de sus primos-hermanos tirios. Fue la de San Quintín en el Mediterráneo, convertido en una hoguera de guerras, odios y rivalidades. Y es que los griegos se toparon con el Cartago ambicioso, pendenciero y armígero, que tuvo el acierto de alistar en sus ejércitos al guerrero ibérico, pata negra en la batalla y en el amor. Para el amor sabemos lo que podría utilizar para quedar como un señor ante una señora, y para la batalla utilizaba la falcata, un arma mortal de necesidad. La hoja del arma era de la longitud del brazo, lo que significa que no había dos falcatas iguales dado que se hacían a medida.
En Almedenilla, Córdoba:
- Oye herrero, dice mi padre que le prepares una falcata de la mejor calidad; que no trae las medidas porque ya las tienes registradas. Con empuñadura de caballo, no se distraiga.
- Dile a tu padre que le tengo que tomar nuevamente medidas, porque le cortó un brazo el enemigo y no sé cual es; y además, que puede que haya crecido. No me comprometo a un trabajo que no sea serio.
Este padre, después de ceder a las pretensiones del herrero, recogió el arma y probó su flexibilidad: la colocó sobre su cabeza y doblándola por los extremos hizo tocar ambas puntas sobre sus hombros; la soltó de golpe y el arma quedó intacta, recta. El filo resultó igualmente fácil de calibrar: se rasuró media cara con ella y la otra media la dejó para casa, que se le hacía tarde.
- Pero marido, ¿con quién te has peleado que te ha puesto media cara así?

Esta de arriba fue la culpable.
No es broma. Lean lo que dijo Diodoro de Sicilia, un historiador del siglo V a.J.C.
“Emplean una técnica peculiar en la fabricación de sus magníficas espadas: oxidan trozos de hierro mediante enterramientos del metal, y luego, aprovechan sólo el núcleo para una nueva forja. Esa espada corta y atraviesa cualquier cosa. No hay escudo, casco o cuerpo que resista su embate”.
Casi nada, ¡que se lo digan a los toledanos, que debieron aprender de ellos sus herreros!
No fueron los únicos soldados que sirvieron a los fenicios. También emplearon honderos baleares como mercenarios españoles, de los que Estrabón dijo en su día que: “llevan tres hondas de junco negro, de cerdas o de nervios alrededor de la cabeza: una es para los tiros largos, otra para los cortos y otra para los de mediano alcance”.
Vean.

Estaban en todo los de Cartago.
Nos hemos olvidado de los iberos, que desde la desaparición del reino de Tartessos apenas sabemos de ellos.

Pues lo explico en un santiamén. Pero en la próxima entrega.
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